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martes, 23 de septiembre de 2008

Creo firmemente que soy parte de ti, o por lo menos que en alguna vida fuimos uno solo.

Creo en lo que crees, no por quedar bien contigo, o por querer parecerme a ti, o por tener temas de conversación, es porque eso que te hace ser quien eres, eso que te constituye y que te hace ser único.

Creo en tus ideas, no por seguirte la corriente, o por aumentar tu ego, sino porque quiero desarrollarlas contigo, porque quiero acompañarte en este viaje.

Creo en tus sueños, en tus anhelos y en tus metas, no porque sea utópica o porque no tenga los míos propios, sino porque creo que juntos los podemos hacer realidad.

Creo en tus palabras, no porque sean suntuosas, o porque sean frases interesantes, o porque seas acertado con ellas, sino porque sé que cuando me hablas ellas están llenas de tu contenido y porque puedo fusionarlas para hacer mis propias oraciones.

Creo en tus miradas, no porque ya sepa lo que dicen, o porque las conozca todas, al contrario porque sé que día a día tengo que descubrir su significado y porque muchas veces ellas sustituyen tus palabras.

Creo en tu mundo, no porque se parezca al mío sino porque me dejaste entrar en él, creo en que te esfuerzas en hacerme parte de tu universo y sabes bien que no quiero adueñarme de él sino que quiero que tu seas parte del mío.

Creo que me amas. No solo porque lo siento o porque lo percibo en tus detalles, sino porque vivo tu amor, porque sé que existe una conexión muy fuerte, porque a veces no sé dónde terminas tu y dónde comienzo yo.